Es el entretiempo de la final de la Copa América Centenario y en el vestuario argentino existe un viboreo tenso, de lenguas afiladas, destapadas. Lo saben, entienden que desaprovecharon una oportunidad importante luego de que Lionel Messi hiciera expulsar a Marcelo Díaz a los 27 minutos del primer tiempo; no sólo no aprovecharon el hombre de más -toda vez que antes de eso presionaban la salida y se arrimaban con frecuencia a la portería rival-, ellos también habían terminado con un hombre menos tras la temperamental barrida por detrás del lateral Marcos Rojo sobre Arturo Vidal cuando la primera parte quemaba sus últimos minutos.

bravoEl técnico Gerardo Martino, lejos de calmar los ánimos, aviva más la ira de un equipo que poco a poco abandonó el juego y comenzó a raspar y buscar intimidar con los viejos recursos del barrio, amparados en los galones de la camiseta. Javier Mascherano toma la batuta de la escena y dispara una arenga que lejos de enfocar, confunde y eclipsa de emoción un momento que requiere de calma y cabeza fría.

Alejado de todo eso, el capitán y número ’10’ trasandino, Lio Messi, está sentado en silencio, intentando recuperar el aire. Cerca de él, Ángel di María se muestra pálido, tocándose una pierna y expresa dolor. “La puta madre”, se muerde el ‘fideo’ entre los dientes. Ya toca salir nuevamente a la cancha. Martino llama al ’10’ y le confiesa un plan indispensable: “Lio, salí y hacé lo tuyo. Pero ojo con Vidal eh, mirá que tiene amarilla. Si lo sacas, la Copa llega corriendo”. Messi sonríe tímidamente, el ‘Tata’ está serio.

El segundo tiempo ha alejado los rostros de confianza del equipo favorito. Chile controla el tramite, domina el balón, se distribuye bien a lo largo y ancho de la cancha. La Roja, si bien no consigue llegadas profundas, juega tranquilo y acelera las pulsaciones de su oponente que siente el apremio del tiempo; el del partido y el de todos los años que han pasado de no conquistar un título a nivel adulto, un oprobio delante de una identidad que se niega a convivir sin la gloria. La ausencia de Mascherano en el medio, un caudillo con experiencia y fuerza, ayuda al retraso de sus líneas. ‘El jefecito’ ahora comanda la zaga y el centro quedó blando frente a un Vidal imponente y un Aránguiz avezado y trajinador. La dupla de volantes ha sabido sortear la falta de ‘carepato’ mostrando una clase brutal. Con todo, Messi sigue acechando, mostrando en medio segundo esa gambeta rápida que vale millones e historia pura, pero la selección chilena aplaca el pánico en conjunto, con el oficio de tantas batallas. La agarra ‘la pulga’ y llega uno, otro y otro más. Juan Antonio Pizzi, que astutamente nunca se apuró en realizar un cambio tras quedar con uno menos, desde el banco instruye que se ataque más a Funes Mori, quien es claramente el queso y el que ahora custodia el perfil izquierdo. Pero al vigente campeón también lo supera el anhelo, expresa ansiedad. La precisión en los últimos metros es un bien escaso.

Van 70 minutos de juego y Chile pierde la bola en la salida: la tiene Lionel Messi, hay campo para correr. El ’10’ tiene espacio para la travesía, claro que quedan muchos metros y la última línea está bien plantada. No es imposible, pero el anzuelo es perfecto, pues Arturo Vidal viene impetuoso desde atrás corriendo a todo vapor. Todos en el mundo del fútbol conocen a Vidal: es el Rey, el volante del Bayern Múnich, uno de los mejores del mundo, un futbolista de carácter…y también un tipo con sus arrebatos. Messi huele el momento y desacelera: el roce a la redonda es más tenue, cortito y con la parte externa, mientras revolea la cabeza, esperándolo. Martino desde el banco lo vive como una clara ocasión de gol, poniéndose de puntas. Desde Chile observamos a Vidal, desde mocoso, con todas sus cagadas. “Sin falta hueón” es lo que pensamos todos. El arbitro Heber Lopes, un brasileño carismático, extrovertido, de risa fácil, ya está sacando la amarilla: la Conmebol va estar más aliviada, los organizadores del torneo también. Pero Arturo se frena y espera la ayuda de Beausejour. Jara, entusiasmado con la devoción patria, también quiere ir, sin embargo, Gary Medel lo frena con un elegante: “Pa’ onde vai conchatumare’. Gonzalo le hace caso. Entre Beausejour y Vidal se apañan, el ‘enano’ la pisa, quiere salir, pero se la terminan punteando y sale por el lateral. Volvemos a respirar. Vidal conserva la rebeldía, pero se mostró maduro: es una señal importante.

La Roja sigue haciendo partido y sobre el final casi lo gana en una combinación extraordinaria entre Vargas y Beausejour por la izquierda. Mercado, que ha pegado de lo lindo, ya no puede porque el moreno está dentro del área. Saca el centro, es gol de Alexis…pero no le da. El Tocopillano tiene el tobillo reventado, apenas pisa. Los noventa minutos terminan 0-0, de igual a igual, incluso un poco mejor.

Las piernas apenas se sienten y quedan todavía 30 minutos más. Vidal, quien no jugó el partido de semis, es el más entero y lo sabe: tiene que ser inmenso y juega de inmenso. Ingresa el ‘Gato’ Silva por Alexis. Parece un cambio conservador, pero Pizzi no come vidrio y necesita frescura y frenar el último aliento trasandino. Además el de Arsenal anda en una pierna. La albiceleste, que juega con el apremio de una prensa sanguinaria y una fanaticada exitista, no quiere llegar a los penales: necesita ganarlo ya. Messi, quizás por eso, quizás por sí mismo, tiene el pecho estrujado.

Y Argentina casi lo consigue. 99 minutos de juego y Messi cobra una falta desde 40 metros. La redonda parece mansa y dispuesta frente al astro del Barcelona. El balón desde los pies del ’10’ flota directo a la cabeza de Agüero. El ‘Kun’ cabecea y el trayecto es al ángulo, un golazo. No obstante apareció Bravo, para una atajada de aplauso infinito: voló hacía atrás, estiró el brazo todo lo que pudo y con ‘la mano del hombre’ la desvió en una atajada infartarte. El capitán chileno reclamaba un nuevo destino. Ya no se sacarían ventajas. Vidal seguía en cancha, Martino mordía la rabia. El equipo chileno confirmaba el aplomó y la experiencia adquirida a través de los años. incluso con un técnico nuevo, al que le costó pero supo acomodarse e integrar nuevas piezas. En los penales la confianza era chilena, mientras el miedo se apoderaba del equipo que creyó la victoria como un hecho.

Heber Lopes hizo el sorteo: ambas monedas favorecieron a Bravo. El rostro de Messi albergaba desesperación, necesidad por desaparecer. Medel, que casi lo arruinó todo a los 20 minutos (aunque vendiendo su humanidad frente al poste como un rudo), pero que terminó de manera bestial anticipando hasta los ‘memes’, se acercó al ‘Gato’ Silva y lo empapeló en garabatos: como para botar un poco de angustia. El ‘Gato’ con eso se relajó un poco.

Falló Vidal y no lo podemos creer. La figura de la cancha erra. ‘Chiquito’ Romero lo celebra con pica, se cree campeón. Viene Messi cargando una mochila: la manda a las nubes, ratificando el nervio y los demonios que socialmente han construido a su alrededor. Nos vuelve el alma. Los trasandinos sienten el shock. Nico Castillo tiene que abrirlo, es complejo; fusila como dice el manual: arriba y cruzado. Mascherano arropa a los suyos e imita al joven delantero chileno. Turno de Aránguiz: saca la estirpe y mantiene a Chile arriba, como el crack que es: empeine abierto, con poca carrera, sin espacio para que el portero hiciera nada. Agüero, con suavidad, la manda a la ratonera e iguala. Pero Bravo está cerca. Beausejour nos recuerda al ‘Matador’ Salas en Wembley y la cosa sigue bien. El zurdo mostró decisión. Llega Biglia y su cara dice muchas cosas. “A este se la atajan”, es un pensamiento mundial. Y la atajó Bravo. Bravísimo. Explota Chile. Llega el turno del ‘Gato’ Silva, un tipo humilde, sin pompa, aunque sumamente eficiente y cumplidor. La cara eso sí es de Gato arriba de un helicóptero. Pero sólo lo externo, el prejuicio, porque como siempre, Silva cumple y la cruza por abajo, sentenciando la final y la Copa. Ahora sí, Chile es un carnaval, un país emocionado. Y la selección nuevamente se alza con un título, en menos de un año, doblando todo lo que nunca antes se hizo.

Equipazo, bicampeón y para no olvidar más una noche norteamericana en que La Roja destruye por segunda vez al fantasma de toda su vida, reconvirtiendo la realidad, intercambiando los roles, generando un nuevo relato ganador y la construcción de modernos y fantásticos reglones a nuestra biografía.

A lo equipo grande, con jerarquía, oficio, la pelota al piso, tragándose patadas, también dándolas porque de pollos tampoco…bien coperos…¡Enormes! #BB

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