Esta no es mi historia, es de un alguien a quien conocí hace unos años en la barra de un pub del centro de Santiago. De esos antiguos, oscuros, sin velitas. La verdad es que sólo lo vi esa tarde, nunca más. Trataré de contarla de la manera más fielmente posible, como él lo hizo. Acá vamos.

“Yo compadrito, tengo tres vicios sagrados que ni aunque me lo pidiera mi mamita muriéndose los dejaría: el fútbol, viajar y comer carne. El fútbol es algo de toda la vida, de piojo. Yo creo que es por lo barato y lo sencillo: dos pares de piedras pa’ los arcos, algunos papeles enrollados en ‘scotch’ y a rasparse las rodillas en la tierra. Cuando uno es chico quiere moverse, jugar, incluso pelear. Se trata de crecer. Además me recuerda a mi viejo. Lo veía poco, con todo lo que trabajaba el pobre. Era panadero: a las 6 de la mañana ya no estaba en la casa y volvía tarde, cuando ya los ojos se me cerraban. Claro que los domingos peloteábamos. Él se ponía al arco y le pateaba. Debe haber tenido harta paciencia porque pa’ serte bien honesto, mucho talento nunca tuve. Dicen que la practica hace al maestro, no fue mi caso; yo practiqué, le puse color, pero seguí igual de malo. Claro que nunca dejó de ser mi deporte. El diario es pal fuego del asado, menos el suplemento deportivo.

bravoLo de viajar me llegó después, más grande. Cuando se murió mi viejo tuve que salir a buscar pega. Tenía 15 años. No pos, no terminé el colegio, pero me las arreglé pa’ ser ‘patiperro’. Es que no hay como viajar. Sin ‘niuno’ me conozco casi todo Chile. ¿En qué trabaje? Ufff, de todo, hasta de ladrón. Pero no me ponga esa cara amigo, si fueron cosas sencillas, pa’ callar al estomago. Y nunca lastimé a nadie, un par de ‘güiñazos’ y sería. Pero ahí, sobreviviendo. Aprendí a dormir en los terminales, en el suelo y trabajar en lo que saliera. Lo bonito de viajar, amigo, es que la vida nunca está quieta y siempre se conoce gente nueva, o un paisaje bonito. Y también la mierda, si no todo es color de rosas. Y en la mierda uno aprende el doble. A conocer harto a la gente, y también a uno, aunque yo creo que eso es todavía más difícil. Tengo 45 años y sigo sin tener claro qué cresta quiero, salvo lo que te dije: un fútbol, ir de un lado para el otro, y comer carne.

Lo de la carne yo creo que es porque puta que he pasado hambre, y no hay nada mejor que llenarse con un buen lomo. Imagínate que mi chiquilla de ahora es vegetariana, me salen peleas y todo, pero yo en eso no cedo. Un polvo será un polvo, pero un lomo a lo pobre es de otra galaxia.

No tengo chucha idea cómo lo logré, pero el 2010 fui a Sudáfrica, al mundial. Hice pegas por ahí, por allá y la plata llegó. Junté cada peso, uno a uno. Yo tengo que confesarte que soy bueno pal hueveo; me gusta la noche, las minas, un traguito. Hasta a la caña le tengo algo de cariño. Cuando despierto un domingo y no me duele la cabeza como que me siento mal. Pero el equipo del profe Bielsa me atrapó, nada qué hacerle y me puse serio un rato. Un par meses, no fue fácil, pero había que hacerlo. Toda una vida viendo jugar a la selección de la misma manera: agrandados acá, bien pecho palomas, pero una vez tomábamos el avión, venía la cagadera. Ahora salen los viejos de siempre y pontifican, pero a mi que no me vengan con huevadas, tiritábamos cada vez que salíamos de Pudahuel. Y no es que fueran malos jugadores. Bielsa les cambió la mentalidad a los cabros. Si eran puros chiquillos. Aunque ya venían bien. Esta generación es más rebelde que la nuestra, eso se nota, pero siempre se necesita un líder, un conductor. Yo te digo, todos esos hueones escépticos y chaqueteros que decían, “Bielsa no es ninguna maravilla”, eran los mismos que antes se achacaban y lloriqueaban que el equipo no tenía ‘perso’. Pero tú entendís po, no hay cómo darle en el gusto a estos desgraciados. Y lo peor es que tienen micrófono. Yo me enamoré de ese fútbol. Nos comimos boletas, pero al menos ibas de igual a igual, llegando con cinco-seis a la otra área. Un salud por el profe; tómese un traguito amigo, yo lo invito.

Y ahí andaba yo, en Sudáfrica el perla, con cero inglés. Como dicen ustedes ahora, ‘dando jugo’, aunque yo creo que lo mío era caldo cremoso. Pero me las terminé ingeniando con señas y apiñándome con otro grupo que tampoco cachaba mucho, aunque entre todos algo logramos. Más lo que nos costó en Johannesburgo pedirnos algo pa´comer. Creo que se llamaban ‘bedies’ o algo así. Era un guiso de carne con tomate y verduras. No sé si tan rico, pero como andaba justo y cagado de hambre, me lo tragué nomas.

Llegar a Nelspruit, donde se jugó el partido con Honduras, chuta, fue toda una odisea. A dedo. Era más peligroso que Nelson Tapia cortando centros, pero llegamos. Pucha que fue emocionante el himno, me lo lloré todo. Y Chile jugó bonito, aunque faltaron goles. El de Beausejour no se me va a olvidar nunca, además yo le estaba haciendo los puntos a una morenita y que Chile ganara era clave po, tú entendís, no es lo mismo ganar que no. Era buena moza la mujer, ¡un traste! Noooo, pa rebotar y llegar a Marte. Había un chicoco que me la peleaba el canalla, pero ese no tenía cuento; yo le bailaba, le metía brazo de Superman al cuello, le hacía gracia. Y ella también a mí. Si mírame, no seré un Brad Pitt pero tengo mi cuento, además todos mis dientes al día. El chicoco no tenía el colmillo derecho, ni cagando me la ganaba. Millar-Carmona-el Mati con la pausa-Isla por derecha-Beausejour cualquier cosa-gol. ¡Qué manera de gritarlo! ¡Me quedé sin voz! Obvio que abracé a la morena, en la del pillo. El chicoco era cuello de almeja así que no te puedo decir que quedó con cuello, pero hasta ahí nomas llegó. Y en las pantallas mostraban al profe Bielsa, que apenas respiraba. Pucha que estaba nervioso. Y cómo no, si dice que nunca se repuso de lo de Argentina en Japón. Los chiquillos no le fallaron. Se lo merecía.

¿La celebración? Sabís que no fue tanto, es que ese mismo día en Sudáfrica se conmemoraba ‘La masacre de Sowento’. 573 jovencitos que mataron en pleno ‘apartheid’. ¡Ah! viste, sí algo aprendí.

Pero algo se hizo, además la última vez que habíamos ganando en un mundial era del año ’62. ¡Imagínate! Y todavía hay quienes niegan al loco Bielsa. A ese equipo le faltaba el ‘9’. La lesión de Suazo antes del mundial nos dejó sin gol. Aunque igual fue, pero cojo. Eran puros lolitos en ese equipo. Y Bielsa, madurándolos. Sí, yo soy ‘Bielsista’, pero me evangelizó po, qué le vamos a hacer. De hecho ahora me dicen, “Loco Carlos”, en honor al profe. Y orgulloso de eso.
Fue un 16 de junio si mal no recuerdo. Cómo olvidarlo. ¿La morena? ¡Me mandó a Marte!” ‪#‎BB‬

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