[Barrio Bravo] El oro que no fue; cuando Chile obtuvo la medalla de bronce en Sidney 2000

[Barrio Bravo] El oro que no fue; cuando Chile obtuvo la medalla de bronce en Sidney 2000

Engancha hacia afuera, con la marca cerquita, pero no tanto como el balón que está atado al instinto del barrio. Luego engancha hacia adentro, natural, ágil, con el defensor sin dejar de seguirlo. ¿Qué hará ahora ese que domina el trapo? ¿Lo largará a correr un poquito? ¿Buscará el rebote y ganar un tiro de esquina? ¿Mandará el centro desde donde está? Nada de eso: reengancha hacia afuera, frenando, pisándola y pasándola por detrás de su cuerpo. Se escucha el «¡¡OOOHHH!!» de la tribuna, mientras el persecutor se rinde frente a su propia inercia, encadenado a sus piernas, con la mente en blanco y el rostro de idiota. La reiteración del potrero vivo, ahí, a través de los pies del bajito chileno que ridiculiza en cinco metros de pasto toda la academia española. Ya tiene libertad; David Pizarro acaricia un zurdazo preciso al punto penal. Allí corre Rafael Olarra quien viene desde la izquierda. Olarra anticipa a toda la zaga rival, se eleva y conecta un cabezazo fenomenal. La bola se cuela en el ángulo. Golazo. Chile vence 1-0 a España a los 23 minutos después de un ‘jugadón’ del volante porteño.

Es 18 de septiembre del año 2000, la selección chilena olímpica se mide en Melbourne ante España, uno de los principales favoritos a conquistar la medalla de oro. Es la segunda fecha de un grupo que también integran Marruecos y Corea del Sur. Ambos equipos vienen de sendas victorias, el empate no parece ser un mal resultado pero el cuadro dirigido por Nelson Bonifacio Acosta sorprende y abofetea primero. No es normal ver a una Roja con esa personalidad, sin pactar con la prudencia. Tampoco se trata de un poema de atrevimiento, en la banca don Nelson vibra casi tanto como los diez mil chilenos que pueblan el estadio cada vez que su «4-4-2» se aventura más de la cuenta.

La selección, ordenada, con buen toque y Pizarro inspirado, enciende la mañana de un país que se despierta mirando fútbol y gritando goles. Reinaldo Navia a los cuarenta minutos anota el 2-0 tras una luchada maniobra, en su sello, del capitán Iván Zamorano. Ambos delanteros, Zamorano y Navia, festejan la conquista bailando cueca, convirtiendo la cancha en una ramada. España arremete desde la conducción de Xavi y así encuentra el descuento en los inicios del segundo tiempo. El cuadro europeo, junto a la tradición de años, llevan a Chile a cuidar el resultado. Hay angustia, el tiempo camina lento. Pero David Pizarro lo acelera: va, viene, concentra la atención, usa la cadera, y va nuevamente; suelta el balón dejando a Zamorano solo, con pista para avanzar. El atacante avanza e inteligentemente cambia el panorama para Navia. El «Choro», con tiempo, pone tiza al botín derecho y fusila desde 20 metros. La bomba cruzada se clava en la esquina y arriba. Otro golazo. Se extingue el partido, enmarcado y para el recuerdo. Chile gana 3-1, clasifica a cuartos de final y la posibilidad de medalla deja de ser un mero murmullo.

La Roja arribó a los Juegos Olímpicos con dudas; la preparación no tuvo mucho tiempo de practicas y previo al torneo se tragó una goleada al toque brasileño. Aun así, el fútbol aparecía como una de las pocas cartas ciertas de poner a Chile en el medallero. Mientras la mayoría de los deportistas luchaban al pulso propio la oportunidad de abrirse caminos en sus disciplinas, orgullosamente amateurs pero tristemente olvidados, el fútbol posicionaba su lugar profesional y mimado para, tal vez, competir mano a mano. Quizás esa responsabilidad, sumado al ambiente único y la riqueza de las propias características que brinda el evento, aumentó el grado de compromiso, la concentración y la valía para buscarse un lugar en la historia.

Don Nelson, un tipo astuto, de olfato callejero e ideas coloquiales, confeccionó un armado probado, sin inventos. La regla olímpica define la modalidad sub23 en los representativos, claro que con la posibilidad de incorporar tres futbolistas mayores. El técnico Acosta seleccionó al portero Nelson Tapia, al defensor Pedro Reyes y al delantero Iván Zamorano. Una columna vertebral experimentada, mundialista. El resto, a pesar de ser más jóvenes, igualmente tenían recorrido y experiencia. Los nombres estaban. A eso se agregó un aspecto esencial del fútbol moderno: la preparación física. Hubo que trabajar duro, con lengua afuera y jugadores amurrados, pero al preparador Claudio Cayazaya no le tembló la mano, aunque el vomito llegara. Como pocas veces una selección nacional buscaba diferenciarse no sólo por talento, algo obviamente fundamental, también con seriedad absoluta a la hora de trabajar. Y claro, bajo la maña táctica de don Nelson.

Los cuartos de final ponían delante a Nigeria, el vigente campeón. Las referencias al biotipo, a la realidad de los pasaportes y la dificultad del partido no amainaron el interés general, todo daba igual, ni siquiera importaba que el horario fuera de amanecidas. Lo primero al despertar era prender la tele y empezar con la adrenalina propia del aguante sincero.

Chile barrió con Nigeria, no le dio chances. El equipo jugó sin regalarse atrás y ofendiendo por la parte izquierda gracias a un Rodrigo Tello imparable. Maldonado ocupaba el centro del campo, a la derecha de él se cargaba Patricio Ormazábal, delante de ellos la batuta de la fantasía la aplicaba Pizarro. Pero ese día todo nacía de la zurda de Tello, quien se recostaba como volante por la siniestra. Ya llevaba dos asistencias claras de gol antes de los 10 minutos. A los 14 lo bajaron a patadas tras un arranque de habilidad; él ejecutó la falta. Le dio con comba, a la altura de la palomita entre arquero y barrera, donde duele. Pablo Contreras la leyó y de palomita el 1-0. Dos minutos más tarde, ahora a la carrera, Tello dejó la bola justa para la llegada de Zamorano, quien puso el 2-0 a los 17 minutos. Navia de globito, con un Nigeria desordenado y a la ofensiva, sentenció el encuentro antes de cerrar el primer tiempo. El segundo, con oles y olor a tramite, regaló una pared entre Pizarro y Tello, que este último coronó con sablazo seco, aquilatando más su memorable jornada. Chile se metía en semis a lo grande.

La efervescencia y la expectativa ya no se podían contener, además Brasil había quedado eliminado por Camerún, el próximo escollo. Se sabía de las virtudes del rival pero se aseguraba que este era el momento de cambiar la retorica del discurso. Y eso era con medalla de oro en el pecho. Sin embargo, no se pudo.

La Roja lo buscó por todos lados, pasando poco a poco de la sensación de buen juego a farra. Los minutos intranquilizaban al equipo que dominaba el tramite y las mejores oportunidades. Claudio Maldonado tuvo la más clara, con Zamorano y Navia solos pidiéndosela con al arco desguarnecido, pero pateó al bulto del arquero Kameni. La puteada que Zamorano le regaló representó a todo Chile. No obstante, minutos después, Sebastián González, quien había ingresado por Navia, se llevó prestada la gloria por un ratito. El pelotazo tomó, una vez más, mal parados a los africanos y «Chamagol» se fue solo directo al pórtico; resolvió tímido, pero la tapada rebotó en el muslo de un defensor camerunés: autogol y qué importaba la estética, explosión nacional a los 77 minutos.

La final en las barbas, contra España, en el estadio olímpico de Sidney. Pero no era nuestro turno en la historia. La tensión y el desgaste de no resolverlo a tiempo quemaron las piernas y la cabeza. Había que estar atento a todo, no había crédito de la fortuna ese día, y fue así que tras un tiro de esquina, entre rebote y rebote, Mboma clavó el empate apenas seis minutos después del 1-0. Fue letal. Tanto que tres minutos más tarde, el mismo Mboma caía en área chilena tras una barrida apurada de Pablo Contreras. Penal. No se podía creer, la fatalidad típica de nuestra biografía. Tapia, de gran torneo, no pudo hacer nada. Camerún se llevó el partido, y a la postre el oro. Lo que dolió tragar el resto del día.

La pena fue inmensa, la rabia se mascó mucho, además el equipo jugaba bien e ilusionó a todos con una medalla de oro, algo que hasta ahí nunca había ocurrido. Pero el valor del deportista es levantarse, con dignidad y volver a intentarlo. Sin margen, con el corazón roto pero el espíritu firme, Chile jugó por el bronce y con dos goles de Zamorano -el segundo tras una genial combinación con Maldonado- superó a EE.UU, subiéndose con orgullo al podio.

Todos quisimos ese oro, en muchos momentos la selección jugó para conseguirlo, pero se llevó un bronce, con la frente en alto, junto al merecido festejo tras un trabajo esforzado y una medalla colgando. Se disfrutó, se sufrió, se vivió. Fue ese equipo de fútbol Chileno en los Juegos Olímpicos del año 2000, cuando despertábamos viendo fútbol y soñábamos de día. ‪#‎BB‬

[Columna] Debutó y casi cumple el objetivo

[Columna] Debutó y casi cumple el objetivo

​El tradicional color gris del invierno puertomontino recibía una jornada histórica para el Club de Deportes Valdivia en Chinquihue. Se trataba del primer partido que el Torreón jugaba en la 1º B tras 26 años de ausencia. La escuadra valdiviana regresaba al sitial que abandonó y que hoy ni se compara al antiguo. Era otro fútbol en 1990, administrativa y deportivamente hablando.
Bajo la atenta mirada de aproximadamente 600 espectadores, (en una abrumante mayoría, valdivianos) el Torreón se perfiló ante Unión La Calera como protagonista del partido desde los primeros minutos, contó con claras llegadas de gol, especialmente un mano a mano con el arquero calerano que desperdició Jonathan Guajardo. Así se desarrolló un primer tiempo activo, donde el equipo mantuvo el ritmo e iniciativa del partido, mientras que el cuadro cementero aprovechaba de acercarse al área mediante la pelota detenida. Casi culminando el primer tiempo un error en la zaga generó el primer gol de Calera desde lanzamiento penal. Hablamos de una desaplicación “justificada” en la habilidad de un “9” de área como era Federico Laurito quien se encargó de amenazar con daño durante varios episodios del segundo tiempo.
En el complemento el DT Ricardo Lunari tuvo que mover las piezas y reforzar las áreas más débiles del equipo. Así Carlos Opazo reemplazó a Matías Cancino y fortaleció la recuperación de balón en la mitad del campo, algo que se necesitaba pues el joven mediocampista quedó al debe en un partido de alto roce. En el mismo instante, el pequeño Nahuel Donadell volvía a defender al Torreón reemplazando a Jonathan Guajardo, mostrando una interesante sociedad de habilidosos con el experimentado Eric Pino, la voz cantante de la ofensiva valdiviana. Con los recién ingresados, Valdivia supo llegar con seguridad al arco, abriendo la cancha principalmente con ataques por la banda de González, que subió permanentemente desde su posición natural hacia la ofensiva. Fue en una de esas aperturas por el otro sector que Eric Pino aprovecha un pase en profundidad y es derribado por el arquero Lovera, decretándose penal. El mismo Pino lo convierte y empareja las acciones. Desde allí el partido fue para cualquiera, Valdivia aprovechando la subida de la línea defensiva de Calera y abriendo espacios. Los visitantes llegando con mucho centro y juego asociado en las bandas, incluyendo una clarísima jugada que se estrelló en el poste y donde el balón “coqueteó” con la línea de gol. Mérito para Leyton, arquero valdiviano que salvó otras tres claras jugadas que pudieron cambiar el resultado, aunque estuvo muy tímido en otras ocasiones caleranas al finalizar la segunda etapa. 
Ante todo, buen debut de Club Deportes Valdivia, perfectamente pudo ser un triunfo si no hubiera perdonado las ocasiones del primer tiempo. Alta calificación para su hinchada fiel que viajó en masa a Puerto Montt, esperando que el Parque Municipal quede en condiciones de ser utilizado a la brevedad. 
Continúa la ruta por consolidarnos en Primera B.
Por Pablo Delgado Agoni 

[Barrio Bravo] «Un Chileno en Sudáfrica»

[Barrio Bravo] «Un Chileno en Sudáfrica»

Esta no es mi historia, es de un alguien a quien conocí hace unos años en la barra de un pub del centro de Santiago. De esos antiguos, oscuros, sin velitas. La verdad es que sólo lo vi esa tarde, nunca más. Trataré de contarla de la manera más fielmente posible, como él lo hizo. Acá vamos.

“Yo compadrito, tengo tres vicios sagrados que ni aunque me lo pidiera mi mamita muriéndose los dejaría: el fútbol, viajar y comer carne. El fútbol es algo de toda la vida, de piojo. Yo creo que es por lo barato y lo sencillo: dos pares de piedras pa’ los arcos, algunos papeles enrollados en ‘scotch’ y a rasparse las rodillas en la tierra. Cuando uno es chico quiere moverse, jugar, incluso pelear. Se trata de crecer. Además me recuerda a mi viejo. Lo veía poco, con todo lo que trabajaba el pobre. Era panadero: a las 6 de la mañana ya no estaba en la casa y volvía tarde, cuando ya los ojos se me cerraban. Claro que los domingos peloteábamos. Él se ponía al arco y le pateaba. Debe haber tenido harta paciencia porque pa’ serte bien honesto, mucho talento nunca tuve. Dicen que la practica hace al maestro, no fue mi caso; yo practiqué, le puse color, pero seguí igual de malo. Claro que nunca dejó de ser mi deporte. El diario es pal fuego del asado, menos el suplemento deportivo.

bravoLo de viajar me llegó después, más grande. Cuando se murió mi viejo tuve que salir a buscar pega. Tenía 15 años. No pos, no terminé el colegio, pero me las arreglé pa’ ser ‘patiperro’. Es que no hay como viajar. Sin ‘niuno’ me conozco casi todo Chile. ¿En qué trabaje? Ufff, de todo, hasta de ladrón. Pero no me ponga esa cara amigo, si fueron cosas sencillas, pa’ callar al estomago. Y nunca lastimé a nadie, un par de ‘güiñazos’ y sería. Pero ahí, sobreviviendo. Aprendí a dormir en los terminales, en el suelo y trabajar en lo que saliera. Lo bonito de viajar, amigo, es que la vida nunca está quieta y siempre se conoce gente nueva, o un paisaje bonito. Y también la mierda, si no todo es color de rosas. Y en la mierda uno aprende el doble. A conocer harto a la gente, y también a uno, aunque yo creo que eso es todavía más difícil. Tengo 45 años y sigo sin tener claro qué cresta quiero, salvo lo que te dije: un fútbol, ir de un lado para el otro, y comer carne.

Lo de la carne yo creo que es porque puta que he pasado hambre, y no hay nada mejor que llenarse con un buen lomo. Imagínate que mi chiquilla de ahora es vegetariana, me salen peleas y todo, pero yo en eso no cedo. Un polvo será un polvo, pero un lomo a lo pobre es de otra galaxia.

No tengo chucha idea cómo lo logré, pero el 2010 fui a Sudáfrica, al mundial. Hice pegas por ahí, por allá y la plata llegó. Junté cada peso, uno a uno. Yo tengo que confesarte que soy bueno pal hueveo; me gusta la noche, las minas, un traguito. Hasta a la caña le tengo algo de cariño. Cuando despierto un domingo y no me duele la cabeza como que me siento mal. Pero el equipo del profe Bielsa me atrapó, nada qué hacerle y me puse serio un rato. Un par meses, no fue fácil, pero había que hacerlo. Toda una vida viendo jugar a la selección de la misma manera: agrandados acá, bien pecho palomas, pero una vez tomábamos el avión, venía la cagadera. Ahora salen los viejos de siempre y pontifican, pero a mi que no me vengan con huevadas, tiritábamos cada vez que salíamos de Pudahuel. Y no es que fueran malos jugadores. Bielsa les cambió la mentalidad a los cabros. Si eran puros chiquillos. Aunque ya venían bien. Esta generación es más rebelde que la nuestra, eso se nota, pero siempre se necesita un líder, un conductor. Yo te digo, todos esos hueones escépticos y chaqueteros que decían, “Bielsa no es ninguna maravilla”, eran los mismos que antes se achacaban y lloriqueaban que el equipo no tenía ‘perso’. Pero tú entendís po, no hay cómo darle en el gusto a estos desgraciados. Y lo peor es que tienen micrófono. Yo me enamoré de ese fútbol. Nos comimos boletas, pero al menos ibas de igual a igual, llegando con cinco-seis a la otra área. Un salud por el profe; tómese un traguito amigo, yo lo invito.

Y ahí andaba yo, en Sudáfrica el perla, con cero inglés. Como dicen ustedes ahora, ‘dando jugo’, aunque yo creo que lo mío era caldo cremoso. Pero me las terminé ingeniando con señas y apiñándome con otro grupo que tampoco cachaba mucho, aunque entre todos algo logramos. Más lo que nos costó en Johannesburgo pedirnos algo pa´comer. Creo que se llamaban ‘bedies’ o algo así. Era un guiso de carne con tomate y verduras. No sé si tan rico, pero como andaba justo y cagado de hambre, me lo tragué nomas.

Llegar a Nelspruit, donde se jugó el partido con Honduras, chuta, fue toda una odisea. A dedo. Era más peligroso que Nelson Tapia cortando centros, pero llegamos. Pucha que fue emocionante el himno, me lo lloré todo. Y Chile jugó bonito, aunque faltaron goles. El de Beausejour no se me va a olvidar nunca, además yo le estaba haciendo los puntos a una morenita y que Chile ganara era clave po, tú entendís, no es lo mismo ganar que no. Era buena moza la mujer, ¡un traste! Noooo, pa rebotar y llegar a Marte. Había un chicoco que me la peleaba el canalla, pero ese no tenía cuento; yo le bailaba, le metía brazo de Superman al cuello, le hacía gracia. Y ella también a mí. Si mírame, no seré un Brad Pitt pero tengo mi cuento, además todos mis dientes al día. El chicoco no tenía el colmillo derecho, ni cagando me la ganaba. Millar-Carmona-el Mati con la pausa-Isla por derecha-Beausejour cualquier cosa-gol. ¡Qué manera de gritarlo! ¡Me quedé sin voz! Obvio que abracé a la morena, en la del pillo. El chicoco era cuello de almeja así que no te puedo decir que quedó con cuello, pero hasta ahí nomas llegó. Y en las pantallas mostraban al profe Bielsa, que apenas respiraba. Pucha que estaba nervioso. Y cómo no, si dice que nunca se repuso de lo de Argentina en Japón. Los chiquillos no le fallaron. Se lo merecía.

¿La celebración? Sabís que no fue tanto, es que ese mismo día en Sudáfrica se conmemoraba ‘La masacre de Sowento’. 573 jovencitos que mataron en pleno ‘apartheid’. ¡Ah! viste, sí algo aprendí.

Pero algo se hizo, además la última vez que habíamos ganando en un mundial era del año ’62. ¡Imagínate! Y todavía hay quienes niegan al loco Bielsa. A ese equipo le faltaba el ‘9’. La lesión de Suazo antes del mundial nos dejó sin gol. Aunque igual fue, pero cojo. Eran puros lolitos en ese equipo. Y Bielsa, madurándolos. Sí, yo soy ‘Bielsista’, pero me evangelizó po, qué le vamos a hacer. De hecho ahora me dicen, “Loco Carlos”, en honor al profe. Y orgulloso de eso.
Fue un 16 de junio si mal no recuerdo. Cómo olvidarlo. ¿La morena? ¡Me mandó a Marte!” ‪#‎BB‬

[Barrio Bravo] «Crónica de una final enorme»

[Barrio Bravo] «Crónica de una final enorme»

Es el entretiempo de la final de la Copa América Centenario y en el vestuario argentino existe un viboreo tenso, de lenguas afiladas, destapadas. Lo saben, entienden que desaprovecharon una oportunidad importante luego de que Lionel Messi hiciera expulsar a Marcelo Díaz a los 27 minutos del primer tiempo; no sólo no aprovecharon el hombre de más -toda vez que antes de eso presionaban la salida y se arrimaban con frecuencia a la portería rival-, ellos también habían terminado con un hombre menos tras la temperamental barrida por detrás del lateral Marcos Rojo sobre Arturo Vidal cuando la primera parte quemaba sus últimos minutos.

bravoEl técnico Gerardo Martino, lejos de calmar los ánimos, aviva más la ira de un equipo que poco a poco abandonó el juego y comenzó a raspar y buscar intimidar con los viejos recursos del barrio, amparados en los galones de la camiseta. Javier Mascherano toma la batuta de la escena y dispara una arenga que lejos de enfocar, confunde y eclipsa de emoción un momento que requiere de calma y cabeza fría.

Alejado de todo eso, el capitán y número ’10’ trasandino, Lio Messi, está sentado en silencio, intentando recuperar el aire. Cerca de él, Ángel di María se muestra pálido, tocándose una pierna y expresa dolor. “La puta madre”, se muerde el ‘fideo’ entre los dientes. Ya toca salir nuevamente a la cancha. Martino llama al ’10’ y le confiesa un plan indispensable: “Lio, salí y hacé lo tuyo. Pero ojo con Vidal eh, mirá que tiene amarilla. Si lo sacas, la Copa llega corriendo”. Messi sonríe tímidamente, el ‘Tata’ está serio.

El segundo tiempo ha alejado los rostros de confianza del equipo favorito. Chile controla el tramite, domina el balón, se distribuye bien a lo largo y ancho de la cancha. La Roja, si bien no consigue llegadas profundas, juega tranquilo y acelera las pulsaciones de su oponente que siente el apremio del tiempo; el del partido y el de todos los años que han pasado de no conquistar un título a nivel adulto, un oprobio delante de una identidad que se niega a convivir sin la gloria. La ausencia de Mascherano en el medio, un caudillo con experiencia y fuerza, ayuda al retraso de sus líneas. ‘El jefecito’ ahora comanda la zaga y el centro quedó blando frente a un Vidal imponente y un Aránguiz avezado y trajinador. La dupla de volantes ha sabido sortear la falta de ‘carepato’ mostrando una clase brutal. Con todo, Messi sigue acechando, mostrando en medio segundo esa gambeta rápida que vale millones e historia pura, pero la selección chilena aplaca el pánico en conjunto, con el oficio de tantas batallas. La agarra ‘la pulga’ y llega uno, otro y otro más. Juan Antonio Pizzi, que astutamente nunca se apuró en realizar un cambio tras quedar con uno menos, desde el banco instruye que se ataque más a Funes Mori, quien es claramente el queso y el que ahora custodia el perfil izquierdo. Pero al vigente campeón también lo supera el anhelo, expresa ansiedad. La precisión en los últimos metros es un bien escaso.

Van 70 minutos de juego y Chile pierde la bola en la salida: la tiene Lionel Messi, hay campo para correr. El ’10’ tiene espacio para la travesía, claro que quedan muchos metros y la última línea está bien plantada. No es imposible, pero el anzuelo es perfecto, pues Arturo Vidal viene impetuoso desde atrás corriendo a todo vapor. Todos en el mundo del fútbol conocen a Vidal: es el Rey, el volante del Bayern Múnich, uno de los mejores del mundo, un futbolista de carácter…y también un tipo con sus arrebatos. Messi huele el momento y desacelera: el roce a la redonda es más tenue, cortito y con la parte externa, mientras revolea la cabeza, esperándolo. Martino desde el banco lo vive como una clara ocasión de gol, poniéndose de puntas. Desde Chile observamos a Vidal, desde mocoso, con todas sus cagadas. “Sin falta hueón” es lo que pensamos todos. El arbitro Heber Lopes, un brasileño carismático, extrovertido, de risa fácil, ya está sacando la amarilla: la Conmebol va estar más aliviada, los organizadores del torneo también. Pero Arturo se frena y espera la ayuda de Beausejour. Jara, entusiasmado con la devoción patria, también quiere ir, sin embargo, Gary Medel lo frena con un elegante: “Pa’ onde vai conchatumare’. Gonzalo le hace caso. Entre Beausejour y Vidal se apañan, el ‘enano’ la pisa, quiere salir, pero se la terminan punteando y sale por el lateral. Volvemos a respirar. Vidal conserva la rebeldía, pero se mostró maduro: es una señal importante.

La Roja sigue haciendo partido y sobre el final casi lo gana en una combinación extraordinaria entre Vargas y Beausejour por la izquierda. Mercado, que ha pegado de lo lindo, ya no puede porque el moreno está dentro del área. Saca el centro, es gol de Alexis…pero no le da. El Tocopillano tiene el tobillo reventado, apenas pisa. Los noventa minutos terminan 0-0, de igual a igual, incluso un poco mejor.

Las piernas apenas se sienten y quedan todavía 30 minutos más. Vidal, quien no jugó el partido de semis, es el más entero y lo sabe: tiene que ser inmenso y juega de inmenso. Ingresa el ‘Gato’ Silva por Alexis. Parece un cambio conservador, pero Pizzi no come vidrio y necesita frescura y frenar el último aliento trasandino. Además el de Arsenal anda en una pierna. La albiceleste, que juega con el apremio de una prensa sanguinaria y una fanaticada exitista, no quiere llegar a los penales: necesita ganarlo ya. Messi, quizás por eso, quizás por sí mismo, tiene el pecho estrujado.

Y Argentina casi lo consigue. 99 minutos de juego y Messi cobra una falta desde 40 metros. La redonda parece mansa y dispuesta frente al astro del Barcelona. El balón desde los pies del ’10’ flota directo a la cabeza de Agüero. El ‘Kun’ cabecea y el trayecto es al ángulo, un golazo. No obstante apareció Bravo, para una atajada de aplauso infinito: voló hacía atrás, estiró el brazo todo lo que pudo y con ‘la mano del hombre’ la desvió en una atajada infartarte. El capitán chileno reclamaba un nuevo destino. Ya no se sacarían ventajas. Vidal seguía en cancha, Martino mordía la rabia. El equipo chileno confirmaba el aplomó y la experiencia adquirida a través de los años. incluso con un técnico nuevo, al que le costó pero supo acomodarse e integrar nuevas piezas. En los penales la confianza era chilena, mientras el miedo se apoderaba del equipo que creyó la victoria como un hecho.

Heber Lopes hizo el sorteo: ambas monedas favorecieron a Bravo. El rostro de Messi albergaba desesperación, necesidad por desaparecer. Medel, que casi lo arruinó todo a los 20 minutos (aunque vendiendo su humanidad frente al poste como un rudo), pero que terminó de manera bestial anticipando hasta los ‘memes’, se acercó al ‘Gato’ Silva y lo empapeló en garabatos: como para botar un poco de angustia. El ‘Gato’ con eso se relajó un poco.

Falló Vidal y no lo podemos creer. La figura de la cancha erra. ‘Chiquito’ Romero lo celebra con pica, se cree campeón. Viene Messi cargando una mochila: la manda a las nubes, ratificando el nervio y los demonios que socialmente han construido a su alrededor. Nos vuelve el alma. Los trasandinos sienten el shock. Nico Castillo tiene que abrirlo, es complejo; fusila como dice el manual: arriba y cruzado. Mascherano arropa a los suyos e imita al joven delantero chileno. Turno de Aránguiz: saca la estirpe y mantiene a Chile arriba, como el crack que es: empeine abierto, con poca carrera, sin espacio para que el portero hiciera nada. Agüero, con suavidad, la manda a la ratonera e iguala. Pero Bravo está cerca. Beausejour nos recuerda al ‘Matador’ Salas en Wembley y la cosa sigue bien. El zurdo mostró decisión. Llega Biglia y su cara dice muchas cosas. “A este se la atajan”, es un pensamiento mundial. Y la atajó Bravo. Bravísimo. Explota Chile. Llega el turno del ‘Gato’ Silva, un tipo humilde, sin pompa, aunque sumamente eficiente y cumplidor. La cara eso sí es de Gato arriba de un helicóptero. Pero sólo lo externo, el prejuicio, porque como siempre, Silva cumple y la cruza por abajo, sentenciando la final y la Copa. Ahora sí, Chile es un carnaval, un país emocionado. Y la selección nuevamente se alza con un título, en menos de un año, doblando todo lo que nunca antes se hizo.

Equipazo, bicampeón y para no olvidar más una noche norteamericana en que La Roja destruye por segunda vez al fantasma de toda su vida, reconvirtiendo la realidad, intercambiando los roles, generando un nuevo relato ganador y la construcción de modernos y fantásticos reglones a nuestra biografía.

A lo equipo grande, con jerarquía, oficio, la pelota al piso, tragándose patadas, también dándolas porque de pollos tampoco…bien coperos…¡Enormes! #BB