Por Danny Farfal

No era una tarde cualquiera para los que seguimos al Torreón, sinceramente no estaba tranquilo. Si bien hace algunos meses que mi relación con Deportes Valdivia dejó de ser cotidiana, el amor por los colores del equipo de mi región no dejó de existir. Sin lugar a dudas viví grandes momentos en torno a la albirroja, también viví de los otros, pero fueron los menos.

En mi memoria siempre estará ese partido contra Enfoque de Rancagua, con el profe Muñoz en la banca, un Carlos Opazo que marcaba los tiempos de ese equipo. Un Soldan que desde la banda se hacía figura, que decir del “Pichunga” Herrera y Juan Kilian. Juan Orellana, Víctor Hernández, Ortiz y Pipe Bustamante entre otros. Fue una fría noche de septiembre de 2012 cuando mi admiración por ese mítico equipo de la ciudad donde estudiaba y donde nos invitaron a aportar desde lo nuestro, se comenzó a transformar en algo más.

Quizá no pasé lo que otros pasaron, no viví lo que otros vivieron, pero traté de hacer lo que más pude y una que otra embarrada o casi embarrada igual, pero, en fin. El amor se había forjado y hecho más fuerte. El 30 de abril del 2016 llegué hasta Santiago, esperé algunos minutos fuera del terminal Alameda y me pasaron a buscar para llegar hasta Santa Cruz, solo había visto al Torreón en casa y uno que otro partido en Puerto Montt, Angol y Temuco, pero yo solo era uno de los cientos de valdivianos que llegaron a presenciar el penúltimo partido de esa temporada y sabíamos que sería una caldera.

El “Pollo” nos hizo sufrir hasta el último momento, un grito que salió del alma, no importaba que nos hicieran callar los locales tirándonos cosas, incluso a la caseta de trasmisión, daba lo mismo. Ese grito se escuchó desde Lanco hasta Futrono, de ahí a Santiago a tomar en bus para Lota, para ver a quien se iba a convertir en mi esposa. El viaje me pasó la cuenta, la garganta no me dio más y un flegmón amigdaliano me tuvo grave hospitalizado. Mínimo una semana me dijeron los médicos, ¡IMPOSIBLE! Debo estar en Valdivia el domingo a como dé lugar, fue mi respuesta. “Lo siento, no puedes viajar más de 3 horas sin medicación, dudo que llegues a Valdivia vivo”, me respondió uno de los médicos.

No sé, solo pedí a Dios que me dejara volver a ver a mi familia y que me permitiera ver al Torreón subir a Primera B. Llegó el miércoles y me comentaron algo de unos niveles de infección (ni yo mismo los entendí mucho, solo me dijeron que lo normal era entre 0 y 6, pero yo entré marcando cerca de 200 y con la medicación ya iba en 110, si en la muestra marcaba menos de eso, podrían evaluar darme el alta), al otro día, los tenía bajo que lo me comentaban y con más pastillas que galletas en mi mochila, partí de vuelta a la Perla del Sur.

No me importaba nada, tenía que ver a Valdivia, más arropado que hijo único llegué al Parque, apenas hablaba, no pude cantar ni uno solo de los 5, pero si los celebré. Estábamos en la B, el sueño se cumplía y era hermoso, hasta que la mafia nos aguaba la fiesta.

Es que no te pueden castigar de esa manera, 50 mil UF, 2 millones de dólares que nunca en nuestras vidas habíamos visto. Si cada fin de mes veíamos como se hacían malabares para que los sueldos estén al día y no ser sancionados, algunos directivos hacían hasta lo más impensado para que todo fuese lo más normal del mundo. Esa plata no estaba y nunca iba a estar, las empresas no son muy buenos socios por estos lares, o por lo menos hasta ese entonces no lo eran, pero bueno, no íbamos a ser los únicos en vencer un gigante, por lo menos ya había precedentes.

Esta vez me tocó verlo desde fuera, y créanme, no sé dónde es mejor, pero de que sufre: se sufre. Este domingo no era cualquiera, los muchachos llegaron algunos días antes a La Serena y se las iban a jugar el todo por el todo. No había más opciones, pero necesitábamos de otros resultados. Señores, los milagros no son lógicos, no pasan en la naturalidad, se mueven en lo sobrenatural. Jamás en la 1raB se había logrado dar vuelta un resultados e Iberia, el mismo equipo que había eliminado a Colo Colo de la Copa Chile hace algunas semanas, las debería haber tenido fácil ante un equipo mixto de San Marcos de Arica.

La lógica decía que Iberia sacaría un resultado en su casa y La Serena cerraría de local con una buena presentación. Sin embargo, podría dudar de lo milagroso, porque cuando hay trabajo, perseverancia y constancia en lo que se hace, alguna vez te va a tocar bailar con la bonita, pero para que siga sonando bonito, seguiré diciendo que se hizo lo milagroso.

El “Mortero” en 5 fechas logró salvar a Deportes Valdivia de la debacle que se venía con el descenso, nada había resultado, nada había salido bien. A veces se jugaba bien, otras no, pero los goles esquivos se ponían, nada resultaba, por más que se trabajara cada día de la semana. Es ahí donde surge lo milagroso, esa fuerza puesta desde las entrañas, desde el interior de cada uno de los guerreros que salieron a la cancha hizo materializar este resultado, era injusto que con una sola llegada del rival, el Torreón fuese perdiendo. No había justicia, como en el maldito pago de la incorporación, no había justicia, no, no y no.

Desde los goles de Chile en la Copa América del 2015 que no gritaba tanto como cuando marcaron Ojeda y Currimilla. Otra vez Carlitos Opazo haciendo un partidazo, otra vez Deportes Valdivia demostrando que las injusticias nunca triunfan. La ANFP nos quería bajar, hacer perder las esperanzas y las fuerzas, pero no. El próximo campeonato, esperamos que las cuentas estén más holgadas para así poder reforzar el plantel y con más apoyo local.

Este equipo no defrauda amigos, hoy fue un domingo de milagros, no porque se ganó, porque mágicamente el torreón volvió a tener más hinchas que todo el resto del año y eso si que es milagroso.

 
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